viernes, 8 de noviembre de 2013

Vida

Publiqué bajo falsos nombres
historias no vividas.
Le puse adornos a la mierda,
palabras al silencio
y a la verdad, mentiras.
Escuché de necios sencillos sueños,
ignoré de sabios verdaderas alegorías,
hablé sin tener nada que decir
y callé cuando menos debía.
Pues ahora deja que te cuente, amigo,
que mi nombre es simple así como mi día a día.
Y permite que me exprese como quiero,
y permite que me calle para poder vivirla.
Ya te contaré cuando todo acabe,
o ya me contarás algún día...

jueves, 9 de mayo de 2013

Dime quién


Quién oliera entre tus brazos
tu perfume de cuello desnudo...
Quién rozara tu piel y tu pelo
sin esperar un futuro juntos.
Quién te haría llorar
por el sentir de una caricia...
Quién te supo amar, quién te supo odiar
y quién te quiere todavía...
Quién pudiera alcanzar la estela 
que dejas en tu huida, 
quién pudiera catar el sabor del saludo
y olvidar la despedida...
Quién pudiera recordarte como un sueño
y quién pudiera olvidarte de por vida...

viernes, 18 de enero de 2013

Hoja de otoño


Como una hoja de otoño
que cae al mediodía,
abandonada por el tiempo
y víctima de la sequía.

Como una hoja de otoño
olvidada en su caída,
como un amanecer incierto
que no cree en un nuevo día.

Así siente en tu ausencia
mi alma estremecida.

No dejes caer la hoja
que me ata a tu mirada,
no ocultes la manta estelada,
no llores por dolor
pero llora enamorada.

Si supieses vida mía
cómo me embarga la ilusión
al ver que caen las hojas de nuevo
cuando vuelve la estación.

Pero no hay viento tan fuerte
que sople dentro de mi corazón
que haga caer la rama
que sustenta la ilusión
y me ayuda a gritar fuerte
contra un viento amenazador
cuánto te quiero mi vida,
cuánto te quiero mi amor...


martes, 15 de enero de 2013

Hablemos conmigo mismo

Un día cualquiera, revisando las estadísticas de mi blog para ver si a alguien le importa lo que escribo, me planteo que cabe la posibilidad que tan sólo me importe a mí. Y no me parece mal, ya que por fin he aprendido a ser relativamente egoísta en pro de mi felicidad. Cuando he luchado por la felicidad de los demás, lo único que he conseguido es eso, la felicidad de los demás, y en ocasiones ni eso.

Así que un día piensas: ¡Qué coño! ¿Y yo qué? Ya que personas contadas han luchado para que yo viva mejor. Mi familia es un tema aparte: un pedestal, personas de otro grupo, casi ni son personas para mí... son una extensión de mi ser.

Y llegas a los 34 años. A veces se tiene la sensación de que debes darte prisa en hacer las cosas que quieres. O en dejar de postergar la búsqueda de la plenitud porque ya no queda tanto tiempo.

Entonces llegan las preguntas: ¿Qué quiero? ¿Cómo? ¿Con quién? ¿Con alguien? ¿Cómo es posible tener respuestas si ni siquiera sé qué preguntas quiero hacer?

¡Venga! Vamos a construir un muro de contención para que lo poco que tengo ahora no se escape. De esa forma surge el problema que un muro no deja salir, pero tampoco deja entrar.

¿Y si le hago una puerta? De esa forma podré abrirla para que entren cosas nuevas... pero... se podrían escapar las cosas que tengo sujetas... ¡Vaya! El muro no sirve, pero vamos a mantenerlo por si acaso... En resumen: una tontería de monólogo interior sin conclusiones.

E insisto una y otra vez en no ser un hombre gris. Siempre he dicho que no quiero una vida común. No quiero perder mi tiempo encerrado en una puñetera oficina. No quiero acabar de trabajar y volver a casa. No quiero trabajar para que los ricos se hagan más ricos. No quiero la monotonía del día a día...

Y de golpe aparece una preciosa mujer: dulce, cariñosa, sensual, inteligente, avispada y preciosa. Sólo la he visto una vez, pero tengo la sensación de que podría ser algo especial, que no es que abra la puerta de mi muro, sino que directamente lo tira abajo. Tuve la oportunidad de abrazarla y ver cómo se acurrucaba sintiéndose protegida. Fue una sensación que casi no recordaba. Puede que quiera empezar algo especial, si es que ella también quiere...

Y ahora pienso... ¡oye! Ya buscaré las respuestas y las preguntas el año que viene... total... sólo tengo 34 años ;)

Tengo algo que decirte



Tengo algo que decirte. En realidad va a ser tan difícil para mí como para ti, porque me siento desagradecido e impotente a la vez. No puede ser...

Tengo algo que decirte: Tengo la sensación de que el reloj corre y yo no avanzo. O sí, pero siento que no quiero avanzar contigo.

Tengo algo que decirte: Creo que antes de encontrar a alguien con quien complementarme, debo complementarme a mí mismo, ya que sin conocer la razón, necesito algo que sólo está en mis manos, y hasta que no lo tenga, no podré ser lo suficientemente bueno para nadie.

Tengo algo que decirte: Y por favor no llores. Te mereces a alguien que te quiera de verdad. En realidad, te lo mereces todo y es una lástima que yo no pueda dártelo. Ojalá pudiera ser... pero no es.

Tengo algo que decirte: He llegado a sentir que te quiero, que te echo de menos... He llegado a pensar que las llagas de mis brazos, crecidas por sufrimientos anteriores, me duelen y no me permiten sentirte como debería sentirte.

Tengo algo que decirte: Hay mucha distancia entre tú y yo. Más de la que imaginas. Mis metas no están en una familia estándar. Necesito llegar a viejo con una sonrisa, pensando que no me he dejado nada en el tintero.

Tengo algo que decirte: El problema no eres tú. El problema soy yo.

Tengo algo que decirte: Necesito estar sólo. Necesito pensar qué quiero hacer en mi vida. Mientras tanto, no puedo darte lo que necesitas.

Tengo algo que decirte: Fue bonito mientras duró. Espero no arrepentirme pero en la vida hay que tomar decisiones.

Tengo algo que decirte... pero no sé cómo hacerlo. Sé que el beso más difícil no es el primero, sino el último...

Parece que ninguna forma es buena, ¿no?

martes, 8 de enero de 2013

Ahora que es otro el que te ama




Ahora que es otro el que te ama, el que enciende las miradas que yo escondí para guardarlas, tan sólo soy una brizna de tu vida, pero de alguna forma parte de ella.

Podrás compartir canciones, llantos, cama... podrás cumplir tus sueños, podrás mojar la almohada de ilusiones incumplidas o de retos por cumplir. Y no podré ayudarte... porque ya no formo parte del presente.

Pero en algún momento paseando por una calle, al oler un perfume, al cruzar un puente, al escuchar nuestra balada, al sentir una caricia por tu espalda volveré a aparecer como una sombra que motive tu sonrisa.

Él podrá preguntarte por aquel momento que hizo brillar tus ojos... y le mentirás, le dirás que no fue nada. Y lo agradeceré, porque hay cosas que nunca debemos compartir.

No es posible repetir el momento en que arrinconada en mi cama con cuerpo sudoroso, me dedicaste tu silencio, tus ojos bien abiertos, tu respiración exaltada. No es posible repetir el momento en que, exhausto y sin complejos, te dediqué mi cuerpo y te entregué mi alma.

¿Sabes una cosa? Intenté volver a asomarme a tu vida, a dejarme caer por tu intimidad aunque ya era demasiado tarde. Tenías pareja, tenías casa, perro y un futuro sin mí. Es normal... las flores crecen en primavera... algunas dan frutos y otras tan sólo mueren colaborando en la belleza efímera de unos tiempos que ya pasaron.

Y mientras yo, mendigando amor y evitando las esquinas disperso mi vista en otros lares que no sacian mi hambre de ti.

(ay...) Camino cabizbajo contando las baldosas del suelo que piso y dejo atrás...

Ahora que es otro el que te ama, ahora que le dedicas tu vida a un ignorante de nostalgias he decidido cruzar ese puente, donde la orilla es tan lejana que no me permite volverte a ver, aunque el equipaje es demasiado pesado como para huir corriendo.

(Silencio)

Niebla, sombra, pasado, mirada, canción, caricias caducadas es todo lo que queda ahora que es otro el que te ama... ahora que es otro el que te ama...

lunes, 8 de octubre de 2012

Ya he aprendido

Ya he aprendido lo que duele un golpe en la cara,
el daño que hace un mensaje desafortunado,
el no aprovechar oportunidades
o el mandarlas a tomar por saco.

Ya he aprendido a escuchar a quien me habla,
a hacer caso omiso de lo que me cuenta,
a ocultar lo que tengo dentro
y a mostrarlo si me interesa.

Ya he aprendido a ser cobarde,
a bajarme los pantalones,
a regalarte mis calzones
y quedarme con el culo al aire.

Ya he aprendido a callar cuando me toca,
a limitar las tonterías que suelto por la boca.

Ya he aprendido a despedirme a tiempo,
a desaparecer cuando ya no pinto nada,
a saber cuándo debo irme,
a aparecer cuando me da la gana.

Ya he aprendido a huir de mis errores,
a poner el rabo entre las piernas y bajar la cabeza,
a reconocer cuándo y cuánto he perdido,
a mandarlo todo a la mierda.


jueves, 6 de septiembre de 2012

Para la chica del autobús



De forma cobarde, escondiéndome tras una pantalla y un texto que seguramente nunca leerás, trataré de decir con palabras lo que te expreso con la mirada cada vez que, por casualidad, coincidimos en el autobús:

Cada día me levanto para ir a trabajar y, para hacer más ameno el trayecto, enciendo la música de mi móvil. Ayer tocó rap, anteayer sonaron unas baladas, y hoy me he limitado a volver a escuchar a mi grupo favorito de toda la vida.

De forma aleatoria, alzo la mirada y, con un barrido, observo a las personas que me rodean. Normalmente suelo ignorarlas de la misma forma en que soy ignorado, pero siempre hay alguien, que por alguna razón, te llama la atención:

     - La camisa de ese chico me gusta y le queda muy bien. Me gustaría estar como él.
     - Qué chica más maja esa de allí pero, ¿qué le pasará? Parece triste…
     - Señora, ¿no ha considerado hacer una dieta? Aquí tenemos que sentarnos dos.
     - Señor, ¡dúchese por favor!

Y todo en silencio. Creo que a veces hablo más en silencio que pronunciando palabras. No tienes que perder el tiempo en expresarme. Basta con imaginar el concepto.

Y de repente, veo que subes al autobús, con tu mirada tímida, tus ojos dirigidos hacia el suelo, tus pasos cortos, tu vestido que muestra sin mostrar… La primera vez que coincidimos, o que te vi, te sentaste a mi lado y me sentí afortunado. No tendría que aguantar a la señora carente de dieta ni al señor carente de ducha. En su lugar, el aroma de tu perfume acabó de despertar el único sentido que aún no había puesto en ti pues, sin quererlo, y juro que sin quererlo, el movimiento del trayecto hacía que nuestras piernas se tocaran. Ah! Tampoco he tenido el gusto… el gusto de conocerte.

En situaciones así, en las que intento que no se note que mi mente está dedicada a ti, pienso qué puede tener esa persona en la cabeza: si piensa algo a cerca de mí o, simplemente, como suele ser con los demás, soy ignorado.

Debido a los horarios, hemos coincidido muchas veces en el autobús y, muchas de ellas, te has sentado a mi lado. Ayer, en mi trayecto, otra persona cualquiera ocupó el lugar que en mi mente estaba reservado para ti. Y te sentaste delante. Pensé: ¡Vaya! Hoy no…

Pero hoy, estando el autobús prácticamente vacío, y yo sentado en la parte que tiene más espacio, puesto que los asientos están situados frente a frente, has vuelto a aparecer, y has vuelto a sentarte a mi lado. Ignoro si es casualidad, o si es porque he pensado tan fuerte en ti que has llegado a escuchar mis palabras no pronunciadas y quieres saber cómo acaba la historia. Quisiera saber si es casualidad que te sientes a mi lado.

Por el camino, revisabas tus redes sociales, y no he podido evitar dirigir la mirada para intentar saber tu nombre, tu edad... No lo he conseguido. En ese intento, he observado tus ojos, tu cara… tus piernas… Creo que eres bastante más joven que yo. Tienes unos ojos preciosos.

Incluso he llegado a imaginar cómo podría iniciar una conversación contigo, pero me da miedo ser rechazado y tener que sufrir ese rechazo cada vez que volvamos a coincidir.

Como siempre, me bajo antes que tú y, otra vez en silencio, me he despedido de tu compañía.

Espero volver a verte mañana y que la casualidad, o la no casualidad, haga que te sientes de nuevo a mi lado, de forma que la música no sea mi medio para amenizar el trayecto, sino que se transforme en la banda sonora  de nuestro camino juntos y a la vez separados.

Y con esto, me despido como cada día de ti: En silencio, como si yo no hubiera sido, como si yo no hubiera estado…

martes, 14 de febrero de 2012

Llega el final del principio

Parece que la lucha de clases ha terminado y la clase media ha perdido. Ya somos instrumentos de explotación u objetos de uso empresarial.

Nunca he querido llamar "recursos" a los ingenieros o técnicos de mis equipos, puesto que un recurso es algo a utilizar, un objeto, pero un profesional es la base de una empresa y su funcionamiento.

Al final, es increíble que tantos años de lucha por derechos laborales hayan sido tirados por el retrete con un simple decretazo.

Supongo que la lucha de clases es como una onda, donde a veces estamos arriba y otras veces abajo. Es triste decirlo, pero en la historia, sólo hemos sido capaces de recuperar los derechos como trabajadores a través de la lucha activa. Algo me dice que, estando en la parte baja de la onda, la lucha debe comenzar de nuevo.

Españoles, aquí tenemos nuestra mayoría absoluta. Hemos confirmado nuestra desesperanza a través del voto. Hemos dado un paso hacia delante en el borde del precipicio. Hemos suicidado nuestro derecho a ser personas dignas....

Mientras tanto, a algunos sólo les preocupa tener o desear un feliz San Valentín. Este texto no es para vosotros.

Gracias, o no.

martes, 13 de septiembre de 2011

Día

Mañanas ruidosas que entran por la ventana,
ladridos de perros abandonados en esquinas,
esquinas de furcias que ensombran la pared
y paredes de orín que aroman la ciudad.

Vistas de edificios que no dejan ver,
alarmas para ir donde no quieres ir,
llamadas que no te importan
e importancias que dejan de ser.

Comidas cocinadas en hornos quemados,
quemaduras que duelen sin estar,
recuerdos que inspiran una vida pasada
y tiempos que vienen sin querer venir.

Horario que marca el final de la jornada,
caminos que encauzan la vuelta a ningún lugar,
miradas que se pierden entre las faldas de otras
y faldas que muestran sin dejar mirar.

¿Suena una canción de amor?
Es para otros, no es la mía...
¿Para el tren en la estación?
O me harto de esperar o llego tarde,
o lo cojo sin billete, y pronto,
el revisor de mi viaje
me obliga a abandonar.
Tan caro pago el peaje
de no poner precio a cada paso...

Cama que aún siendo blanda es dura
y aún caliente es fría,
y aún pequeña es grande,
y aún con sábanas, vacía.

Luz que se torna oscuridad,
ruido que se convierte en silencio,
gentíos que se vuelven soledad
y recuerdos que se transforman en sueños.

Mano derecha que sólo toca la izquierda,
o alguna otra parte, qué te voy a contar...
si al cantar la melodía del ansia
sólo me alivia el tacto,
antes el tuyo, o el tuyo, o el tuyo, ahora sólo el mío.

Y buenas noches...
Tal vez mañana cambie la historia
y te hable de mañanas ruidosas que entran por la ventana,
ladridos de perros abandonados en esquinas...